12 de abril de 2016

Triunvirato, renacimiento de los pesos pesados y Mario Conde

Anthoy Joshua con José Mourinho, abril 2016.


Con la retirada de Vitali Klitschko y, no tanto la derrota como el declive físico observado en su hermano pequeño, Wladimir, no es arriesgado afirmar que aunque el menor de los Klitschko aún no haya dicho la última palabra, la era de dominación de los dos ucranianos ha concluido. Klitschko (ya me referiré siempre a Wladimir) dio muestras de vulnerabilidad en los combates contra Kubrat Pulev y Bryant Jennings. No obstante, Klitschko seguía siendo mi favorito para vencer al aspirante británico, Tyson Fury, al que sin duda ha infravalorado mucha gente, yo incluido. El combate llegó y Fury ganó de un modo que me hace ser pesimista respecto a las posibilidades de Klitschko en la revancha, a celebrar en Manchester, en julio. Creo que Fury volverá a ganar.

El panorama que se presenta en la categoría de los pesos pesados es excitante, con tres campeones mundiales reconocidos por distintas asociaciones. Los tres imbatidos: Tyson Fury, campeón de la WBA, WBO e IBO; el también británico Anthony Joshua, campeón de la IBF; y el americano Deontay Wilder, campeón de la WBC. Son tres tipos grandes, con estaturas de 2.06, 1.98 y 2.01 respectivamente. Fury, el blanco, es el menos agraciado físicamente, flácido, de figura y movimientos antiestéticos, pero eficaz eludiendo golpes y luchando tanto en la larga como la corta distancia. Joshua es seguramente el más fuerte, un Ivan Drago negro, esculpido en roca, con una pegada poderosa que, uno tras otro, ha derribado a todos los oponentes en su carrera profesional; Joshua adolece de rigidez, de poca movilidad, presentando un blanco estático. El más explosivo, el más atlético, es Wilder, el "jugador de baloncesto", como despectivamente le llama Fury; el de Alabama es el que más me intimida porque sus golpes, aun cuando telegrafiados, llegan a tal velocidad y con tan poca despreciable masa tras ellos, que si impactan puedes darte por muerto; por fortuna para quienes sean capaces de resistir su embate, Wilder no es firme, sus piernas se tambalean cuando es cogido a la contra.

¿Ganará el cerebro de Fury a la fuerza de Joshua o la velocidad de Wilder? Nada deseo más que verlos enfrentarse unos a otros, como en los 80 hicieron Sugar Ray Leonard, Thomas Hearns y Marvin Hagler. En mis apuestas, Joshua figura como el número 1, Wilder el 2 y Fury el 3. En Joshua es en quien aprecio menos carencias y más solidez. Fury probablemente pierda con los dos y Wilder es impredecible pues lo veo cayendo por KO, como sea alcanzado, o ganando en el primer asalto como conecte una buena mano. Por tanto, Wilder no es mi favorito pero sí quien considero más peligroso. Da miedo. Sus latigazos no son de este mundo.

Para que estos enfrentamientos de película se materialicen hay obstáculos que superar, y no son sencillos. Como he dicho, Fury tendrá que derrotar a Klitschko en la revancha, y Wilder se las verá en mayo en Moscú con Alexander Povetkin, pequeño, pero que como logre superar la barrera de artillería y meterse en la corta distancia, derribará al gigante con pies de barro. Luego, tenemos a otra figura que ha vuelto a la escena y que promete levantarnos de nuestros asientos: el británico David Haye, The Hayemaker, reconvertido en un boxeador algo diferente, menos ligero, más fuerte. Finalmente, hay que vigilar al cubano Luis Ortiz, The Real King Kong, un verdadero gorila que pega muy duro y posee buena técnica. Por consiguiente, Klitschko, Haye, Povetkin y Ortiz son las amenazas inmediatas al triunvirato. Predicción: Joshua prevalecerá.

Tyson Fury, The Gypsy King, ha creado polémica con sus declaraciones tildadas de machistas y homófobas. ¡Bah! Hay que conocerlo y entender que es una persona locuaz, con sentido del humor y, al igual que Batman, de la teatralidad. Es bueno que haya gente así, que no todos seamos robots hembrimizados y políticamente correctos. Me río con Fury y de Greg Rutherford, el saltador de longitud que llora por las payasadas de Fury. Lo único que me disgusta de Fury es su mujer. La de Povetkin es la mejor.

Concluyo enviando un mensaje de afecto y solidaridad a mi ídolo Mario Conde. Conversando sobre su drama, mis amigos y yo coincidimos en que debería haberse ido a vivir fuera de España, a Mónaco o cualquier refugio hospitalario donde no persigan a la gente por disponer libremente de su patrimonio. ¿Qué libertades de pacotilla son esas que nos llegaron tras la muerte de Franco? Hago extensible mi respaldo a Bertín Osborne y a todos los perseguidos por los medios de comunicación y la Agencia Tributaria. ¡Muerte a los infiernos fiscales!

26 de marzo de 2016

Los demonios no vienen del infierno bajo nuestros pies, vienen del cielo

Zack Snyder y Gal Gadot en el set de Batman v Superman: Dawn of Justice


Me complazco en decir que que mis temores se han desmentido y mis ilusiones se han confirmado: ni el Lex Luthor de Jesse Eisenberg ni la Lois Lane de Amy Adams —aun cuando la segunda está nuevamente gorda y con aspecto más de madre que de novia del protagonista— están tan mal como opinan muchos; y tanto el Batman de Ben Affleck como la Wonder Woman de Gal Gadot están tan bien como opinan otros muchos. No hay que lamentar la presencia de personajes vergonzantes.

La historia, que transcurre unos dos años después de los acontecimientos de Man of Steel (2013), tiene fuerza. Es precisamente en el arranque, y evidenciando las debilidades de la mencionada Man of Steel, cuando asistimos a una de las secuencias más brillantes del film, que introducida como "el mundo conoce a Superman", nos muestra la conocida batalla de Metropolis entre Superman y el general Zod, esta vez desde la perspectiva de Bruce Wayne.

No hay color. Si en Man of Steel languidecía en mi butaca con la lucha de Superman y Zod, en Batman v Superman: Dawn of Justice sentía el horror. La tensión se apoderaba de mí. Contemplaba la devastación desde los ojos de un simple humano y sentía la impotencia de nuestra débil especie. Sobresaliente el plano en que Wayne, tras salvar a un niña de entre las ruinas de la sede de Wayne Enterprises en Metropolis, observa a Superman y Zod en las alturas, enzarzados en combate. Se entiende que, posteriormente, Wayne considere a Superman como una amenaza potencial, y de hecho lleva razón cuando le acusa de haber traído la guerra a la Tierra.

Como el cardenal Altamirano en The Mission (1986), cuando se preguntaba si aquellos indios no habrían preferido que el viento y el mar nunca hubieran llevado a los europeos a sus tierras, uno no puede dejar de preguntarse si los terrícolas no hubieran preferido que el espacio profundo jamás hubiera llevado al kryptoniano a su planeta.

Affleck es loable tanto como Wayne como Batman. La primera aparición del hombre murciélago, cuando dos policías interrumpen su interrogatorio de un criminal es espeluznante, ¡acojonante cuando lo entrevés pegado al techo! Batman impone. Se compara a este Wayne con un detective y detective es, aunque yo lo he visto más como un James Bond, en el interesante segmento en que se infiltra en la casa de Lex Luthor para hackear sus sistemas informáticos, viendo por primera vez a Diana Prince (aka Wonder Woman), bella, esbelta, elegante, misteriosa... Wayne realiza la operación permanentemente comunicado con Alfred, bien interpretado por Jeremy Irons; Clark Kent puede escucharles con sus supersentidos y su curiosidad, así como su animosidad, se acrecienta.

Debo comentar la escena en que Diana Prince averigua que su naturaleza metahumana ha sido descubierta por Wayne, que le facilita los archivos desencriptados de Luthor con sus estudios sobre la propia Diana Prince, Flash, Aquaman y Cyborg (Jason Momoa como Aquaman es el único que, de entrada, me agrada; Cyborg mal). Es una escena profunda. Wonder Woman no sale mucho y es mujer de pocas palabras, pero su presencia escénica devora la pantalla. Deja muy atrás, casi en ridículo, a cualquier otra superhéroe que hayamos visto en películas precedentes. Es curioso porque Wonder Woman es un personaje que nunca me había interesado lo más mínimo y ahora, exagerado un poco, he visto a Dawn of Justice casi como una tarjeta de presentación, como una precuela de la venidera Wonder Woman (2017), que por supuesto no me pienso perder.

En su afán por lanzar un ataque preventivo contra Superman, Wayne y Luthor pugnan por la posesión de la kryptonita obtenida de las naves de Zod, una lucha en la que Wayne sale vencedor, si bien Luthor se guarda un as en la manga: el cadáver de Zod y los experimentos genéticos con tecnología kryptoniana que con aquél está realizando. El film avanza hacia su clímax y dos batallas que puntúo con alta nota: la pelea de Batman contra Superman, en la que el ingenio vence a la fuerza, y la de los recién aliados contra Doomsday, la aberración creada por Luthor. Es aquí, cuando Doomsday desata la destrucción y Wonder Woman entra en acción con su armadura de guerrera, cuando llega el momento en que más entusiasmó sentí, con ciertos planos, brutales, vibrantes, del ataque de los superhéroes contra el monstruo. Además, los humanos, aunque aterrados (que diría el Terminator), también se defienden y lanzan un ataque nuclear contra Doomsday en el espacio, una escena mejorable porque emplean un ICBM, que no sé cómo se podría dirigir contra un blanco en el espacio, en lugar de un ASAT con cabeza nuclear, que conjeturo sería el arma idónea en un escenario como el que nos presenta el film.

Que el enfrentamiento con Doomsday me entusiasme no significa que me satisfaga ni cómo está hecho ni buena parte de los efectos visuales, que califico de discretos para una producción de este calibre. Tratándose de criaturas de apariencia similar, pienso que el Abomination de The Incredible Hulk (2008) está mejor hecho que Doomsday, que para mayor demérito grita y gesticula en exceso... Es excesivamente caricaturesco. Respecto a Superman y su capacidad para volar, algo fundamental, sollozo porque siguen sin ofrecerme planos que me causen asombro (la excepción es Superman levitando frente al U.S. Army, en Man of Steel), cuando pienso que existen herramientas de sobra para hacerlo. Seguro que con un director con las ideas de Joseph Kosinski este aspecto sería posible.

A Henry Cavill, Superman, lo hallo algo insulso, aburrido, me deja frío y lo querría más echado para adelante, no sé... falta carisma, y no le culpo tanto a él como a las líneas que le dan, quizá las peores. Diane Lane, su madre Martha Kent, estupenda, como lo está Kevin Costner, que aparece en un sueño. Es un hecho que cuando pienso en Dawn of Justice de quien menos me acuerdo es de Superman, y no debería ser así porque quienes más me cautivan son los personajes superpoderosos.

He leído, y seguramente hay parte de verdad, que Zack Snyder juega a ser Christopher Nolan en el epílogo de Dawn of Justice. Los resultados son peores. No obstante, nos dejan la esperanza de un futuro prometedor en la advertencia de Lex Luthor de la que campana ha sonado y ha sido escuchada más allá de la Tierra. ¡Los demonios no vienen del infierno bajo nuestros pies, vienen del cielo! En mi propia indagación, anotando los parademons de la premonición de Batman, preveo que el demonio que se acerca ha de ser el magnífico gobernador de Apokolips. Darkseid ha de llegar para deslumbrarnos con su gloria, finalmente.

Batman v Superman: Dawn of Justice es una buena película, mejor que Man of Steel pero peor que Watchmen (2009), si hablamos de Zack Snyder.

Nota: 8/10

11 de febrero de 2016

Imponentes e impotentes ante la blitz en Australia

Majestuoso Dromornis stirtoni con sus pollos


No de todas las extinciones es responsable el Homo sapiens. Cuando los humanos llegaron a América, hace unos 40.000 años, probablemente no tuvieron ocasión de encontrarse con las aves terroríficas de la familia de las Phorusrhacidae. Digo probablemente porque se disputa la datación de restos tan recientes como 17.000 años.

Pobre fauna. Terror es lo que debían infundir especies carnívoras como la sudamericana Kelenken guillermoi, con un pico de casi medio metro de longitud, o la norteamericana Titanis walleri, de 2,5 metros de altura. En la hipótesis más favorable para las 18 especies conocidas de estas aves, su era estaba en decadencia cuando los asiáticos, arrasando con casi todo, llegaron desde el norte, desde Beringia y Alaska.

En Australia sí hay evidencia de un contacto, de un choque directo entre los humanos, que llegaron hace 50.000 años, quizá más, y las aves gigantes que, dichosas, florecientes, poblaban el continente. Eran 7 especies de la familia Dromornithidae. Estos humanos, tal vez pertenecientes a la primera oleada de Homo sapiens que salió de África, contemplaron a las aves y las pintaron en las rocas. También hay pruebas de que sus huevos les sirvieron de alimento.

De momento, solamente podemos especular con si individuos adultos de las especies más grandes y peligrosas eran cazados. No hay razón para pensar que no. La inteligencia  y el armamento humano, incluso con la tecnología primitiva del Pleistoceno, demostró su capacidad para abatir cualquier presa, aunque los riesgos estaban ahí, los peligros de medirse a especies como la carnívora Bullockornis planei, ¡horror!, el Demon-Duck of Doom, de 2,5 metros de altura, o a los 3 metros y media tonelada del Dromornis stirtoni, cuya dieta es incierta y bien podría ser herbívoro, carnívoro o, como muchas aves, omnívoro. Comiera lo que comiera, con semejantes dimensiones y tamaño pico podría despedazar a un humano en un instante.

La hipótesis más aceptada y que personalmente comparto, es que las aves Dromornithidae, como los marsupiales —de hasta dos toneladas— y reptiles —de hasta una tonelada— de la megafauna australiana, fueron exterminados por los indígenas, una teoría que ha sido denominada como la blitzkrieg.

Las Dromornithidae están clasificadas entre las Anseriformes, como los patos. las ocas y los cisnes. Puedo hasta olvidarme de recuperar ADN de fósiles de Dromornithidae. Trabajando con el ADN de sus parientes vivos, apuesto a que un futuro no lejano la ciencia será capaz de recrear las aves de la megafauna australiana para liberarlas en parques del Pleistoceno, de titularidad privada, donde la gente y los niños puedan disfrutar con el poder y la violencia de tan fantásticas criaturas.

20 de diciembre de 2015

Daisy Ridley enaltece el cine y a The Force Awakens

Mi opinión —con spoilers— sobre el estreno histórico.

Albergaba un temor que hoy, una vez vista Star Wars: The Force Awakens, se ha demostrado infundado: John Boyega, el negro que interpreta a Finn, hace un trabajo espléndido. Porque no me gustaba ni su cara ni su presencia, temía que Finn acabaría siendo una especie de personaje cómico que, sin causar vergüenza ajena como Jar Jar Binks, vendría a amargar mi ansiada experiencia cinematográfica. Este desasosiego se atemperó en el primer cuarto del film y dio paso a la satisfacción en los tres cuartos siguientes. De blando o afeminado, nada. Finn es un muchacho simpático y valiente.

Amo a los personajes que mueven los hilos. Otra preocupación que he sufrido, ya en días recientes, cuando contaba con testimonios de gente que había visto la película, es la del líder supremo Snoke, al que vemos siempre como holograma y cuyo aspecto no ha convencido a algunos. A mí sí me ha agradado porque es un personaje escalofriante, astuto, que tanto por su apariencia como por ser señalado como "sabio" por su aprendiz, hace ganar verosimilitud a la teoría de que su identidad real sea la de Darth Plagueis el sabio, quizá inmortal, el sith más poderoso que haya existido y el maestro de Darth Sidious.

Tenía confianza con Adam Driver como Kylo Ren, caballero de la orden de Ren, aprendiz de Luke Skywalker y Snoke. Ren triunfa allá donde el Anakin Skywalker de Hayden Christensen fracasó, en la representación de un guerrero atormentado, inmaduro, impulsivo, que lucha consigo mismo para hallar el camino correcto y saciar su sed de poder. En sus diálogos y monólogos, lo que expresa Ren es interesante (en contraposición a las chiquilladas de Anakin), creíble, deseas saber más y, a los que nos placen los villanos, nos resulta fácil sentir afecto por él. No sólo hay profundidad en su personaje sino que da gusto verle ejercer su dominio de la Fuerza: proyectando e inmovilizando a la gente o suspendiendo en el aire y reanudando a voluntad disparos láser. Su estilo de combate es el de un estilista, elegante, comparable al conde Dooku. El caballero Ren, en su rivalidad con el general Hux por el favor del líder supremo Snoke, es un personaje del que disfrutar, ¡del que gozar!

Harrison Ford es un titán en la historia de Hollywood y verle de nuevo como Han Solo es motivo de celebración. Han pasado más de tres décadas y el viejo contrabandista ha perdido facultades físicas y ganado fe: se mueve con lentitud cuando huye de sus perseguidores y ya no ríe con desprecio cuando le preguntan sobre la Fuerza. Creía que la aparición de Han Solo propulsaría The Force Awakens al hiperespacio. Me equivoqué, pero no por demérito de Ford sino por mérito de otra persona. El exgeneral Solo no está solo, se reencuentra con su antiguo amor, la princesa Leia Organa, ahora general, una correcta Carrie Fisher, menos reconocible que Ford al, en mi criterio, haberse hecho un lifting que le altera el semblante. Ford es Ford. Mucho más viejo, pero Ford. Fisher es como si fuera la madre de Fisher.

Mark Hamill, el noble Luke Skywalker, el profeta, el mesías en cuya búsqueda se han embarcado la Resistencia y la Primera Orden, sale muy poco, concretamente en una visión mística por la mitad y en una dramática escena final que quebró mi voz. A mi juicio, Luke es el personaje central del universo Star Wars y su participación cuasitestimoninal en The Force Awakens lo refuerza aún más. Es imprescindible. De él espero lo mejor en la continuación de esta epopeya.

Me sumo al pesar generalizado: Oscar Isaac como el piloto Poe Dameron y Gwendoline Christie como la capitán Phasma son buenos, demasiado buenos como para no haberlos exprimido más y mejor. No lo lamentemos demasiado porque los tendremos en el próximo episodio, ¡a ellos y a más!

Saludo al robot BB-8, gran aportación, y me congratulo otra vez con Chewbacca, C-3PO y R2-D2. Como con Han Solo, el nuevo doblaje de C-3PO es mucho peor que en las viejas películas. La versión original siempre es lo ideal.

A Daisy Ridley la había examinado detenidamente en los materiales promocionales porque se indicaba que Rey, su personaje, sería relevante, incluso protagónico. Entendía como una evolución lógica que no todo el peso de The Force Awakens recayera sobre los veteranos. Debía entrar sangre nueva y Ridley me transmitía buenas sensaciones. Si con Adam Driver tenía confianza, con ella tenía algo más próximo a certidumbre. Sabía que lo haría bien... No que se apropiaría del film. Ella es lo mejor que le ha pasado a esta producción y suyas son todas las escenas que me han conmovido, las que no olvidaré jamás. Una joven mujer a la que los rigores de la vida han hecho fuerte, independiente, conservando su humanidad y sentimientos. Los rigores de la vida y algo más, pues la Fuerza anida en su interior y está a punto de despertar.

Con orgullo, debo contar un pensamiento, una fantasía a la que he dado vueltas y vueltas en las últimas semanas. Me gusta leer spoilers y, sin más detalles, conocía que Kylo Ren y Rey se enfrentarían en un combate personal. Sospechaba que la Fuerza en Rey despertaría para no volver a dormirse precisamente en ese momento fatídico. Imaginaba cómo sería el combate y, en una premonición, veía esta imagen: Rey sufriendo; Ren dispuesto a matarla y extendido su brazo para atraer hacia sí un sable láser caído en la nieve; entonces Rey irguiéndose, sobreponiéndose, dejando entrar a la Fuerza para, ante el estupor del caballero oscuro, arrebatarle el sable láser. ¡Rey tomando con su mano lo que el poderoso Ren intentaba tomar con la suya! ¡Este deseo se ha hecho realidad de forma maravillosa en The Force Awakens! ¡Me estremezco al escribir esto y recordarlo!

No es una interpretación falsa que estemos ante un remake de Star Wars (1977). Lo explicaré de este modo: The Force Awakens es una historia poco original aunque efectiva, congruente, con batallas y efectos visuales notables, que no extraordinarios. He percibido campo para la mejora en los asaltos aerotransportados y los bombardeos aéreos, ya que esta vez son más atmosféricos y menos espaciales. He sentido lentitud narrativa en algunos tramos con Ford, no por culpa de Ford. Los piratas y los monstruos del carguero son lo peor. Los X-Wing en acción no me han estimulado. Lucen más los TIE/sf space superiority fighter de la Primera Orden. Hablando de naves me queda el buen consuelo del Millennium Falcon, ¡menudo pedazo de chatarra!, y los planos ensoñadores de las ruinas de destructores imperiales en el desierto de Jakku. Casi siempre son los personajes los que dan valor a las buenas historias. Lo que altera mi calificación es el tirón de, por este orden, Finn, Kylo Ren y Rey. The Force Awakens sería una película notable de no ser por esa chatarrera, Rey. Con ella es sobresaliente, la mejor película de J.J. Abrams.

Profunda emoción en la certificación del relevo generacional: "Que la Fuerza te acompañe". ¡Oh! Cómo describir la escena en la que la general Leia despide a Rey, que sube a bordo del Millennium Falcon no ya como la empleada que Han Solo le propuso ser sino como la comandante, al mando, con Chewbacca de copiloto. Rumbo al epílogo apoteósico con Rey presentándose en la morada de Luke Skywalker.

6 de noviembre de 2015

The Martian estará más cerca cuando tengamos el Skylon


SKYLON Technical Movie V1 from Reaction Engines Ltd on Vimeo.

Troy - Mission to Mars from Reaction Engines Ltd on Vimeo.

Tras disfrutar con The Martian (2015), la última película de Ridley Scott, mi frustración se acentúa con la lentitud de la exploración espacial y con programas conceptualmente obsoletos como el Space Launch System (SLS), que nos mantienen rehenes de los cohetes convencionales, con su enorme coste de construcción y mantenimiento. Pienso que se está tirando el dinero en el SLS y que probablemente será cancelado por el próximo POTUS, Donald Trump, que sería una presidente divertido, o quien salga.

Contando siempre con una reacción, con una respuesta americana por el buen camino, el futuro lo hallo en Europa, en el United Kingdom y la empresa Reaction Engines Limited, que financiada por BAE Systems, está desarrollando un sistema mucho mas eficiente de acceso al espacio, la ilusionante nave espacial Skylon, un vehículo de una sola etapa que, propulsado por los motores SABRE, despega y aterriza como un avión.

Los vídeos que ilustran el artículo nos ofrecen una aproximación técnica al Skylon y a su utilización para misiones tripuladas a Marte... el proyecto Troy, que personalmente abarataría, desechando la necesidad de que los astronautas regresen alguna vez. Nada de "Bring Him Home", como en The Martian. Mars to Stay! A Marte ha de irse para quedarse, para vivir, inicialmente con bases aprovisionadas desde la Tierra, gradualmente autosuficientes, para a largo plazo alcanzar el sueño de terraformar Marte y convertirlo en un planeta similar a la Tierra, revertirlo al estado que, por lo que se va sabiendo, quizá tenía hace cuatro mil millones de años.

The Martian, el film de Scott, es notable, con virtudes en abundancia y sin defectos dignos de mención, pero al mismo tiempo es aséptico, funcional, impersonal... habría aceptado alguna flaqueza a cambio de cierta inspiración... estoy pensando en Interstellar (2014), que como la aún mejor Gravity (2013), me motivó más. The Martian la he gozado. Me he emocionado cuando Mark Watney (Matt Damon) desentierra el Mars Pathfinder para comunicarse con la Tierra. Pero en conjunto no me ha conmovido. Es un 8/10.

14 de octubre de 2015

Rusia interviene en una fase ilusionante de la Guerra Civil Siria

He seguido con alegría la escalada de la intervención rusa en la Guerra Civil Siria. Vladimir Putin me ha devuelto la ilusión por una guerra que, debido a la nefasta política de Barack Obama y sus aliados occidentales, armando a los decapitadores moderados, veía con inquietud, con creciente pesimismo. Ahora, con los amigos rusos bombardeando las posiciones islamistas indiscriminadamente, sin preocuparse de quiénes son del Estado Islámico y quiénes son de los llamados moderados, el Ejército sirio ha lanzado una contraofensiva en varios frentes, aliviando la presión en regiones de vital importancia para el Gobierno de Bashar al-Assad, el hombre que representa una Siria moderna, genuinamente moderada y cosmopolita. Va a resistir.

¿Por qué Obama se ha comportado así? En Israel no parecen tener diferencias insoslayables con Siria. En Arabia Saudí quizá sí, y minar Siria también es menoscabar Irán. En la medida que los conozco, procuro estudiar todos los intereses y definitivamente me quedo con los del pueblo sirio, con la naturaleza —en su contexto geopolítico— liberal "del régimen" y contra la barbarie que representa el Estado Islámico. Suníes, chiíes, alawitas... Todo eso me trae sin cuidado. ¡Qué importa cómo se llamen! ¡Se les conoce por sus actos! El Estado Islámico suní ha de ser destruido y el califa Abu Bakr al-Baghdadi, ya que es obvio que no interesa capturar y juzgar a estos supercriminales, eliminado en una operación de fuerzas especiales al estilo de Operation Neptune Spear, la que se cobró al emir Osama bin Laden. Hay que asesinar a estas personas.

Como diría Raúl Castro, saludamos la iniciativa del Presidente de Rusia. ¡Siga enviando armas y asesores, señor presidente! Los americanos saben que se han equivocado, protestan con escasa convicción, con la apatía o incluso la oposición del electorado más belicoso, más republicano, que manifiesta su simpatía por Putin. La White House llora porque se bombardea mucho al frente islámico no sé qué y poco al Estado Islámico... ¡Qué lamentable papelón! Siguen haciendo daño porque están enviando armas a los insurgentes, pero pienso que han perdido la iniciativa política y la militar. Proclamo mi respaldo a la alianza contra el Estado Isámico que Rusia ha forjado con Siria, Irán, Irak, Egipto y Hezbollah. Saben quién es el enemigo y a quién hay que bombardear. Obama y el medio senil John McCain no lo saben.

Me extiendo para hablar de Irán. Siempre he sido hostil a los ayatollahs y a su gobierno represivo. No obstante, valoro la apertura que he apreciado a raíz de la elección de Hassan Rouhani como presidente. Diría que Rouhani ha centrado un poco al líder supremo Ali Khamenei. El presidente iraní habla suavemente, amablemente. Es una persona sensata que ni remotamente puedo comparar con los salvajes del Estado Islámico. Si es posible alcanzar acuerdos con Irán, bienvenidos sean, naturalmente reservándose el derecho al uso de la fuerza como último recurso para prevenir una amenaza digamos existencial. No es la primera vez que lo hago y ahora lo reitero: ignoremos al gruñón de Khamenei y démosle una oportunidad a Rouhani, naturalmente me refiero tanto a la cuestión nuclear como a la siria.

Deseo que Rusia prosiga su campaña militar siria y que, bien a efectos militares o meramente propagandísticos, se empleen bombarderos estratégicos para masacrar a la insurgencia. Es excitante fantasear con la acción de bombarderos Tu-22M, Tu-95 y, especialmente, Tu-160.

Espero que los United States hagan lo mejor que podrían hacer: admitir el error, retirarse dignamente, cancelar los suministros a los islamistas y dejar a a la coalición rusa hacer el trabajo que ellos no han sabido hacer.

"I like that Putin is bombing the hell out of ISIS". Donald Trump

28 de agosto de 2015

Capítulo 2 del enfrentamiento de Bolt y Gatlin en Pekín

A lo largo de 2015, Justin Gatlin ha sido mi favorito para ganar los 100 y 200 metros en Pekín hasta la propia final en los 100, y hasta las semifinales en los 200, donde percibí una ligera superioridad de Usain Bolt. Por consiguiente, esperaba la victoria de Bolt en el doble hectómetro, en una carrera disputada, casi agónica, como la de 100, pero la oposición de Gatlin ha sido menor de la que esperaba y el triunfo de Bolt relativamente cómodo. Ello no ha ido en demérito del espectáculo, de una gran carrera con la mejor marca del año y con una lucha de poderes hasta digamos los 150 metros, además de disfrutar con la contemplación, con la acción, de uno de los mejores y del mejor atleta de todos los tiempos.

Si observamos con atención la carrera, vemos que ambos salen fuertes, aceleran y corren una buena curva, Bolt un poco por delante, Gatlin más relajado, razón por la que, al entrar en la recta y con el conocimiento de que Bolt suele emplearse al máximo de 0 a 150, y luego resiste lo que puede, preví que Gatlin quizá pudiera sobrepasarle en los últimos metros... Craso error pues Bolt dominó la recta a voluntad y fue Gatlin quien más velocidad perdió en los 60 metros finales. Es por algo que, como Bolt dijo después, los 200 son y siempre serán su prueba favorita.

Del resto de finalistas, se ha destacado a los jóvenes Anaso Jobodwana, bronce; y a Zharnel Hughes, quinto; son altos y esbeltos, seguramente especialistas puros del 200, de una fisonomía similar a la del, este año en baja forma, Warren Weir, otro de los aspirantes a poseer los 200 cuando el fenómeno Bolt se haga a un lado. Buena carrera también de Alonso Edward, como los anteriores, un especialista al que te cuesta imaginar sobresaliendo en los 100.

Una de las razones por la que Bolt y Gatlin son tan buenos es porque sacan lo mejor de sí mismos en las competiciones importantes. No fallan, como en su época Leroy Burrell, o se derrumban, como en nuestro tiempo Asafa Powell. He leído en algunos periódicos que Bolt es el mejor velocista de la historia... ¡¿Ah sí?! ¿Y qué tiene que hacer para que, sin ambages, le reconozcan el mejor atleta de la historia? Yo así lo declaré ya en 2008. ¡Allá ellos!

Le envío ánimos a Gatlin. Estos reveses han debido ser duros porque llegaba invicto por dos años, sintiendo confianza de destronar a Bolt. La experiencia debe servir como incentivo para volver más fuerte aún en 2016 y ofrecernos otro espectáculo en Río de Janeiro, donde pronostico la emergencia de Andre De Grasse como amenaza para Bolt y donde no despejo la incógnita del regreso de Yohan Blake. A Tyson Gay lo veo quemado, y si yerro me alegraré, y a Powell nunca más lo tomaré en serio en grandes competiciones... ¡He terminado con él!

¡Queda un tercer capítulo en el enfrentamiento de Bolt y Gatlin! ¡Los relevos! Jamaica vs. USA.

23 de agosto de 2015

Capítulo 1 del enfrentamiento de Bolt y Gatlin en Pekín

Estaba nervioso, pero menos nervioso que en otras ocasiones similares porque tenía motivos para celebrar el triunfo de cualquiera de los dos candidatos. Luego ha sido pronto, a los 30 metros de carrera, cuando he pensado que Usain Bolt podría salirse con la suya y derrotar a mi favorito, Justin Gatlin.

Aun torpe, la salida de Bolt ha sido satisfactoria, cediendo poca distancia respecto a Gatlin. En la aceleración posterior, que es el mejor indicador de la forma del fenómeno jamaicano, lo he visto bien, pulverizando a Tyson Gay, como hizo en New York 2008 y Berlín 2009, y avanzando enérgicamente, cerca de Gatlin. En ese momento la carrera se me ofrecía abierta porque no esperaba un final supremo de Bolt, como en London 2012, y sí contaba con una sólida resistencia de Gatlin desde la mitad hasta la meta. Esos rápidos pensamientos se confirmaron en una lucha épica y una resolución algo inesperada. Bolt ha ejercido una gran presión y Gatlin, al que Michael Johnson había elogiado en la jornada previa por la eficacia de su técnica de carrera, ha caído al sentir la amenaza y descomponer su postura en los metros finales, desequilibrándose hacia delante como si se hubiera lanzado antes de tiempo. El resultado habría sido ajustado de cualquier modo, pero pienso que en este error de Gatlin ha podido estar la causa final de su derrota.

El espectáculo ha merecido la pena. Uno de los mejores y el mejor de la historia se han enfrentado y han luchado de tú a tú, sin tregua, a muerte. El bueno contra el malo. Ha habido otros dos grandes en la misma carrera, Tyson Gay y Asafa Powell, pero desdibujados, lo que en el caso de Powell resulta ya cómico porque después de tantos años sigue estando en una forma excelente y, para que todo siga igual, sigue rindiendo muy por debajo de su potencial en mundiales y juegos olímpicos. Mike Rodgers, otro veterano ilustre, ha estado bien, mejor de lo que esperaba, y hemos disfrutado con la presencia de nuevos talentos, los jóvenes Jimmy VicautTrayvon Bromell y, particularmente, el que se me antoja como futuro número 1 de la velocidad mundial, Andre De Grasse, un atleta en el que, pese a no pocas diferencias, hallo semejanzas con el añorado Calvin Smith, exrecordman mundial de los 100 metros. En De Grasse quiero ver una "vieja escuela" de la velocidad.

Me alegro por Bolt y me entristezco por Gatlin. El estadounidense es un campeón y hay que aplaudir lo que ha logrado a su edad y después de haber sido apartado tantos años por los burócratas. Quería que ganara él para abofetear, golpear, a todos los directivos y periodistas deportivos que siguen sosteniendo el mito de los atletas limpios. Hipócritas. Mentirosos. Con los atletas que también lo hacen, menos, no me ensaño porque entiendo que no pueden inmolarse. Están en una posición difícil y lo deseable es que estuvieran callados. Mucho más guapos.

Los 2015 World Championships in Athletics han de continuar y el atletismo también. La rivalidad Bolt vs. Gatlin va a tener un segundo capítulo en los 200 metros, el jueves, y a buen seguro otra temporada de guerra total el año que viene, donde les aguarda Río de Janeiro. Dos superatletas con soluciones diferentes a un desafío común: correr lo más rápido posible. A Bolt lo veo como una fuerza de la naturaleza, un Godzilla del atletismo, con crudeza, de extremada potencia; a Gatlin como un superclase, elegante, fluido, levitando sobre la superficie. Es probable, aunque no seguro, que sigan siendo los más fuertes en 2016.


27 de junio de 2015

Esta vez sí pienso que existe una elevada probabilidad de que Bolt caiga

En 2012, ante la pujanza del temible Yohan Blake, sostenía una elevada confianza en que Usain Bolt recobraría su mejor forma y prevalecería en London 2012.

En 2015, ante la pujanza de Justin Gatlin, he perdido la confianza en que Usain Bolt pueda no ya recobrar una buena forma sino prevalecer... Dar alcance y superar al estadounidense. Naturalmente, la pérdida de confianza no significa que descarte en modo alguno la victoria de Bolt en Pekín 2015. Porque Bolt es el mejor de la historia.

Ayer se celebraron las finales de 100 metros en los campeonatos nacionales de los USA y Jamaica. Los tres primeros se han clasificado para los Campeonatos Mundiales de Pekín. Bolt, ya clasificado como campeón mundial, no se ha presentado y su agente alega que necesita entrenarse. Respecto a Gatlin, también clasificado como ganador de la Diamond League en 2014, ha decidido saltarse los 100, descansar, y presentarse en los 200, ambicionando el doblete en Pekín.

Los jóvenes, por mediación de Trayvon Bromell, de 19 años y 9.84 este año, han dado una seria advertencia, pero los veteranos han sido los mejores en las finales de ambas superpotencias de la velocidad.


— 2015 USA Outdoor Track & Field Championships

  1. Tyson Gay, 9.87 (+0.0)
  2. Trayvon Bromell, 9.96 
  3. Michael Rodgers, 9.97


— 2015 Jamaica National Senior Championships

  1. Asafa Powell, 9.84 (+0.9)
  2. Nickel Ashmeade, 9.91
  3. Kemar Bailey-Cole, 9.97
En baja forma, el otrora poderoso Blake ha quedado eliminado en semis con 10.36.


Ha de prestarse atención al canadiense de 20 años Andre De Grasse, que el 12 de junio, en la misma pista de los campeonatos americanos de ayer, Hayward Field en Eugene, Oregon, corrió en 9.75 (+2.7), una pasada con viento o sin él. ¡Ojalá se presente! Debo confirmar si De Grasse va a correr en Pekín.

En lo que llevamos de 2015, si bien Bolt no ha perdido ninguna carrera, su rendimiento no puede calificarse de satisfactorio. Lo que comparto es la predicción que hacen sus rivales: cuando llegue la hora de la verdad, Bolt estará fuerte. Por consiguiente, lo que me pregunto es si esa fuerza será suficiente para batir a Gatlin, a un hipervigorizado Gatlin que, imbatido desde 2014 y con una seguridad exuberante, arrasa en cuantas carreras de 100 y 200 participa, liderando los rankings mundiales de 2015 en ambas distancias con 9.74 (+0.9) y 19.68 (+0.9). Ahora puedo decir que, al contrario que en 2012 frente a Blake, mis dudas sobre las opciones de Bolt son mayores en los 100 que en los 200. A Blake lo veía más peligroso en los 200. A Gatlin en los 100.

Porque no me transmite la misma certidumbre y porque su principal rival está hambriento y lanzado, es un hecho que por primera vez desde la detonación estelar de Bolt, en 2008, pienso que existe una elevada probabilidad de que sea derrotado cuando más cuenta, en la final de Pekín del 23 de agosto. Esta es la predicción que hago con lo que he observado hasta ahora, a estas alturas de la temporada. Lógicamente, la iré refinando, corrigiendo si hubiera de corregirse, a medida que avance el verano y estudie las próximas carreras de Bolt, Gatlin y compañía.

Al señor Gatlin, del que tanto me reía por lo gordo que estaba en 2010, antes de su regreso a la competición tras ser apartado en los despachos, lo veo en una condición formidable. Está más delgado que nunca. Apabulla. Domina todas las fases de la carrera. Sale disparado, acelera eficazmente, alcanza una velocidad extraordinaria y la sostiene grácilmente, marchándose de sus perseguidores, respaldado por una técnica sobresaliente. Si lo vieras correr sin referencias externas, a él solo, sabrías que estás ante un superclase. Lo proclamo el hombre a batir.

Enlazo unas fotografías estupendas de Tyson Gay durante la final americana de 100 metros en Eugene. El buen hombre sale con un libro de Jesús en la mano... Shelly-Ann Fraser-Pryce, Allyson Felix, Asafa Powell y otros atletas negros están todo el día con el mismo proselitismo. Que si gracias por esto, que si gracias por lo otro, y que si qué fuerte y rápido eres, señor. No es que sean tontos. Es la infracultura negra en la que se han criado la que les ha hecho así. El entorno influye muchísimo en el individuo.

Los fuertes han sido segregados por la propaganda quejumbrosa de los débiles