8 de noviembre de 2014

Con Interstellar no lamentas que no te hayan dado lo que pedías

A modo de preámbulo, recordaré que los films Mission to Mars (2000) y Red Planet (2000) fueron decepciones porque vi cómo el potencial de la colonización de Marte se echaba a perder con otra historieta de hombrecillos verdes afeminados, en la primera, y de bichos asesinos, en la segunda. Es cierto que cuando las vi ya sabía que algo de todo eso me lo habría de encontrar, pero por Crom que me esperaba otra cosa, algo más serio, más científico, una historia que pudiera pasar por real. Con Interstellar me ha ocurrido lo mismo en lo que respecta a que esperaba algo diferente, con la gran diferencia de que la que sorpresa desagradable no ha supuesto la ruina del film.

Con spoilers menores, Interstellar arranca con suavidad, sin especial brillo, introduciéndonos los dos personajes superlativos del film: el granjero y exastronauta Cooper, Matthew McConaughey, y su hija Murph, Mackenzie Foy, wow!, sobresaliente, actriz de futuro, actriz a seguir. La historia avanza a buen nivel, quizá cayendo un poquito con la mejorable revelación de lo que queda de la NASA y del programa espacial Lazarus, al igual que, si se me permite la blasfemia, la deficiente presentación y construcción del personaje del profesor Brand de Michael Caine. El drama de la partida de Cooper, su despedida de Murph, calienta los motores exactamente como había predicho con los absolutamente fuera de lo común segundos finales del teaser trailer de diciembre de 2013, esa pequeña obra de arte. Así pues, Interstellar despega y se adentra en el espacio. Buenos efectos visuales y a valorar positivamente el diseño espartano, casi primitivo del interior de la nave Endurance, así como la originalidad de los rotobs CASE y TARS, de una inteligencia que les permite captar dobles sentidos e insinuaciones a la primera.

El guión de Interstellar ha sido reescrito por Jonathan Nolan y Christopher Nolan, y sin haber estudiado la cuestión en profundidad, creo que es el segundo al que corresponde la autoría de los cambios que han hecho que Interstellar no sea el film que me esperaba. Digamos que es el director el que ha introducido los elementos "fantásticos". Por ejemplo, un detalle que esperaba conocer con ansiedad era mediante qué tecnología futurística, la manipulación de la materia exótica o lo que fuera, se había creado el agujero de gusano orbitando Saturno, o en su defecto, mediante qué fenómeno natural había aparecido. Esto ni se plantea pues el agujero ha aparecido por arte de magia, por la intervención de unos seres de naturaleza desconocida. Esta circunstancia irritable me ha obligado a evolucionar como espectador, a adaptarme a un entorno para el que no estaba del todo preparado. La adaptación se realizó con éxito y gocé como un poseso cuando se atravesó el agujero de gusano y se amerizó en el planeta (waterworld) Miller, una expedición contrarreloj pues, chapoteando en un terreno fascinante, la influencia gravitatoria del cercano agujero negro, Gargantua, distorsiona el tiempo y hace que cada hora en Miller representen no sé cuántos años en la Tierra y en la Endurance, creo que veintidós. La secuencia con las olas gigantes, de la que los trailers nos proporcionaron un atisbo, es una maravilla. Interstellar ya fluye por el espacio-tiempo a velocidades próximas a las de la luz, y desde la perspectiva del viajero, la velocidad de la luz es viajar literalmente al instante tanto al supermercado más próximo como a los confines del universo. No hay diferencia.

Nos movemos en el espacio y en la Tierra. La pequeña Murph ha envejecido y es una adulta interpretada por Jessica Chastain, una prolongación —a la altura— de un personaje trascendental, y por esa razón, la causante del gran error de Nolan en la conclusión. Los mensajes que la resentida Murph interpretada por Chastain envía a su padre "perdido en el espacio" son otra de las fotalezas de Interstellar y dejan con las vergüenzas al aire las escenas similares que hemos visto en otros films de ciencia ficción (salvo quizá a una de Bruce WillisLiv Tyler...). Los otros miembros de la tripulación a bordo de la Endurance, los interpretados por Wes Bentley y David Gyasi, son casi de relleno; Anne Hathaway como Amelia no, Anne da juego esporádicamente, especialmente en el epílogo, pero se halla muchos escalones por debajo de McConaughey, Foy y Chastain.

Damos otro paso hacia una nueva fortificación artística, la pugna entre Cooper y Amelia sobre cuál debe ser el próximo planeta a inspeccionar en la guerra para salvar a la humanidad. Cooper acusa a Amelia de dejarse llevar por sus sentimientos y elegir Edmunds, planeta homónimo del astronauta del que ella está enamorada y al que esperaba encontrar con vida allí, mientras que Amelia acusa a Cooper de arrastrarse igualmente por sus propios sentimientos y su deseo de regresar a la Tierra y ver de nuevo a su familia. Para no revelar detalles antes de tiempo, simplemente resaltar que la trama se complica y tras el accidentado paso por el planeta Mann, nos encontramos con una escena de acción deslumbrante, la del acoplamiento de emergencia de la lanzadera con la Endurance dañada y rotando sin control en la órbita de Mann. Nolan no solamente sí sabe rodar escenas de acción sino que, en general, sabe rodar sin ofender al espectador, respetándolo, sin excesos de zooms, shaky cam y esa plaga infecciosa que ha corrompido el cine moderno. Al hito del acoplamiento y de Interstellar en su conjunto contribuye en no poca cuantía la interestelar banda sonora de Hans Zimmer.

Advertencia de spoilers de fuerte campo gravitatorio: caemos en el tramo final y Cooper separándose de Amelia para que ésta pueda explorar Edmunds y aquél, en misión suicida y con la ayuda de TARS, atraviese el horizonte de sucesos de Gargantua y transmita datos de mecánica cuántica que han de servir para completar una formula que permita el escape masivo de la humanidad de la gravedad terrestre, se supone que mediante un nuevo sistema de propulsión, en lo que a mi juicio es uno de los aspectos menos elaborados y más inverosímiles del film. El plan alternativo de repoblar otros planetas con embriones congelados es infinitamente más plausible. Es aquí, en un nuevo triunfo del séptimo arte, engullido por Gargantua y atrapado en una sigularidad espaciotemporal, donde averiguamos la identidad del fantasma que vivía en los sueños y la realidad de Murph: su padre. Era el mismo Cooper, alterando la gravedad para comunicarse con ella. He aquí al triunvirato de McConaughey, Foy y Chastain en todo su esplendor, en un episodio que podría definir como The Sixth Sense sideral. También nos es dada a conocer la identidad de los creadores del agujero de gusano: los poshumanos de un futuro lejano,

Cooper tiene éxito, transmite la información cuántica a Murph y la ecuación para el escape de la Tierra se completa. Cooper es rescatado en la órbita de Saturno y, lamentablemente, se produce el error garrafal de Nolan. El reencuentro con su hija Murph, ahora convertida en una vieja, jamás debió haber sido con esta actriz tan mayor, Ellen Burstyn, con la que el espectador no tiene el menor vínculo emocional. Si lo que se pretendía era evidenciar el coste temporal de la pretérita incursión de Cooper en la gravedad de Gargantua, bastaba con haber envejecido un poco a Chastain, sin exagerar ni hacer el ridículo (como el hecho con Guy Pearce en Prometheus [2012]). Un par de décadas encima y perfecto. ¡El reencuentro con Murph y con esa vieja anónima es decepcionante! ¡Hasta McConaughey tiene un semblante inexpresivo, como si estuviera pasando el mal rato de una visita de compromiso! Debía haber sido el culmen del film. No lo es. Imaginad esa misma escena con Chastain... pero soy compasivo, soy justo, no se ha malogrado un film extraordinario y que en su desenlace, en la instigación que la moribunda Murph le hace a su padre, disfrutamos de unas imágenes de celebración con su robo de una lanzadera con el deliberado propósito de regresar al agujero de gusano y alcanzar Edmunds, un planeta que descubrimos acogedor, con una atmósfera respirable y con Amelie sola, meditando frente a la tumba del astronauta Edmunds, enfrentándose a una existencia solitaria... No por mucho tiempo.

No es infalible. Nadie lo es. Al señor Christopher Nolan a veces le sale bien y a veces le sale mal. Aquí tengo sus asientos contables e Interstellar la anoto en su haber. Es una película formidable: 9/10

19 de octubre de 2014

Gone Girl y las películas de David Fincher

Satisfacción con Gone Girl de David Fincher, que arrastra una de esas polémicas gratuitas sobre si su orientación es feminista o antifeminista, que bien podría ser lo uno o lo otro, pues la propaganda ha de ser libre, si bien considero que no es ninguna de las dos. Simplemente es una historia matrimonial, otro drama matrimonial en el que, como en la vida real, el villano puede ser el hombre o la mujer, y no necesariamente quien primero o más fuerte levanta la mano, lo que me agrada especialmente porque los hombres no deben resignarse al totalitarismo de esa agenda política feminista que tanto ha arraigado en los códigos penales occidentales, y por la que se instaura un sistema en el que los hombres, los que son vejados, se hallan físicamente indefensos frente a las mujeres, las que vejan. Siempre hay que denunciar el maltrato y, en caso necesario, defenderse mediante el uso de la fuerza necesaria, como dicen en las resoluciones de Naciones Unidas.

Libre de spoilers, mi valoración de Gone Girl es la de un film notable, elegante, con amor por la estética y los detalles, con el respeto a la dignidad del espectador que se ha perdido en muchas producciones modernas que están malogradas por técnicas cinematográficas mareantes, degradantes. Ningún matrimonio es perfecto o está exento de problemas, y el que interpretan Ben Affleck y Rosamund Pike tampoco. Esas diferencias conyugales son utilizadas por los medios de comunicación, por los programas de televisión de señoronas, para criminalizar al personaje de Affleck cuando su mujer desaparece y él se convierte en sospechoso de haberla asesinado. Al buen trabajo de la pareja de protagonistas he de sumar el de Tyler Perry, excelente como el abogado que defiende a Affleck, y el de Kim Dickens, como la policía que quiere encarcelarlo. Y a celebrar la presencia de Neil Patrick Harris, al que siempre asociaré con su papel de seudonazi en Starship Troopers (1997), y el de la joven Emily Ratajkowski, aclamada sexualmente en Internet, con derecho, aunque sin pertenecer a la categoría de bellezas de museo. Con este reparto se nos presenta una historia que no deja lugar para el aburrimiento en sus 149 minutos de duración. Ni siquiera hay altibajos narrativos. El interés por saber qué ha ocurrido y el interrogante de cuál será la conclusión es constante de principio a fin.

Calificación: 8/10

Fincher se confirma como uno de los mejores directores de nuestro tiempo. Cuenta en su haber con películas brillantes. Repaso brevemente su filmografía.


  • Alien³ (1992): entretenida; gratificante tono oscuro; el epílogo es manifiestamente mejorable y la desluce: 6/10
  • Se7en (1995): mejora con los años pese a la pobre interpretación de mi ídolo Brad Pitt; en el cine me aburrieron sus primeros dos actos; hoy me place en su integridad: 7/10
  • The Game (1997): magistral Michael Douglas y aplausos para Deborah Kara Unger. Un film de los que recuerdas toda la vida: 9/10
  • Fight Club (1999): una basura que no puedo acabar de ver ni con Brad Pitt: 3/10
  • Panic Room (2002): se ve y se olvida al día siguiente: 3/10
  • Zodiac (2007): cautivadora obra maestra. Para estudiar y aprender de cine. La pobre Chloë Sevigny, buena actriz en un papel de mujer cargante que nadie podría sacar adelante, resta un punto: 9/10
  • The Curious Case of Benjamin Button (2008): aquí sí disfrutamos de Brad Pitt en una original y estimable película: 7/10
  • The Social Network (2010): aún no la he visto. Me da pereza.
  • The Girl with the Dragon Tattoo (2011): buen trabajo, sientes el empuje de Daniel CraigRooney Mara, sobre todo el de ella, el personaje femenino "más poderoso" de las películas de Fincher: 7/10

Fincher tiene clase, un toque de distinción que, por contradictorio que pueda sonar, me engancha incluso en su película más mala, Fight Club, un absurdo que no he sido capaz de soportar pasada la media hora. Ahora, retomando Gone Girl y la cuestión de los directores con pretensiones, profundos y filosóficos, ha habido momentos en que Fincher me ha recordado al infausto Terrence Malick en To the Wonder (2012), precisamente otra película sobre el drama del matrimonio, también con Ben Affleck, y con la superwoman Olga Kurylenko. Diré que Fincher tiene sensibilidad artística, como Malick, pero sensibilidad con talento, a diferencia de éste. 

Hay una base para tan excelente puesta en escena, una preparación que Fincher, ganador de dos Grammy, ha pulido al comienzo de su carrera, con los vídeos musicales y logros tan exquisitos como Express Yourself (1989) y Vogue (1990), junto a Madonna. Con ser mucho, no todo es la belleza de las imágenes. Hay arte más allá de la cinematografía de Fincher porque con él tras la cámara y los mejores actores ante ella, nos quedan personajes memorables como el de Morgan Freeman en Se7en; el de Michael Douglas en The Game, el mejor; y el de Rooney Mara en The Girl with the Dragon Tattoo

David Fincher es apto. En el Tercer Reich, el ministro Joseph Goebbels debería incluirle en la lista Gottbegnadeten.

4 de octubre de 2014

La cristianería no tiene quien la quiera

Como he explicado a mi amigo Espantapájaros en su artículo El Gobierno ha enterrado la cabeza, tras la victoria de Mariano Rajoy en las últimas elecciones generales me tomé a broma la propuesta programática del PP de reformar la ley del aborto de José Luis Rodríguez Zapatero. Dada la impopularidad que a izquierda y derecha despertaba que las mujeres de menos de 18 años pudieran abortar sin un justificante firmado por los padres, como en el colegio, estaba relativamente seguro de que no se iría más allá de modificar ese punto. Un error grave, a mi juicio, pero no la declaración de guerra con la que me encontraría cuando Alberto Ruiz-Gallardón empezó a esbozar su anteproyecto: el aborto eugenésico se perseguiría penalmente y las mujeres que alegaran problemas físicos o psicológicos deberían ser juzgadas por médicos diferentes al del centro donde desearan abortar. Por supuesto, y con esto hay que reírse, se seguiría permitiendo el aborto en caso de violación, evidenciando la falsedad de que la motivación fuera proteger a los "niños débiles, indefensos, con sus manitas y deditos", cuando lo que realmente se pretendía, aunque fuera en el subconsciente, era castigar conductas sexuales alejadas de la castidad y el matrimonio heterosexual. Educación en castidad, he leído que se exigía en blogs cristianos.

El anteproyecto de tinte cristiano ha sido tema de conversación entre mis amigos y conocidos. La opinión unánime era de rechazo, en muchos casos de indignación, y estoy hablando de gente fuera de la órbita del socialismo y, no digamos ya, del comunismo, hasta el punto de que con independencia de la opinión que cada uno pudiera tener sobre el aborto en todas las circunstancias imaginables, la decisión sobre las acciones a emprender en caso de embarazo no deseado debía corresponder a las interesadas, a las mujeres que no consentían la ocupación de sus cuerpos, jamás a los políticos, los funcionarios y los predicadores. Contemplé sentimientos de temor. A los viejos decrépitos les resulta fácil parlotear, pero a las personas en edad fértil, que tienen relaciones sexuales, no les agrada que los políticos les limiten las opciones y, ante la siempre existente posibilidad de encontrarse algún día con un embarazo no deseado, se hallen en un escenario de pesadilla en el que funcionarios armados ejerzan la amenaza de la fuerza y la prisión contra los profesionales de la medicina cuyos servicios son demandados. Una intervención del mercado y los libres acuerdos. Una política represiva que somete a los individuos a la intimidación gubernamental. Preocupación a la vista de tamaña politización de la vida íntima. Muchas personas que yo conocía se sentían amenazadas por el nefasto Ruiz-Gallardón.

Al dar marcha atrás y cancelar el anteproyecto de Ruiz-Gallardón, Rajoy ha hecho lo correcto tanto por razones electoralistas como de valores. 1.º Electoralistas, porque no ha sido ajeno a la repulsa que esa legislación religiosa provoca entre el electorado del PP, que como el del PSOE, podrá ser mayoritariamente cristiano, pero cristiano en un sentido cultural, de quien acepta y disfruta de ciertas tradiciones folclóricas, no en un sentido de cristiano ideológico, tercermundista, que realmente se cree una ideología irracional basada en fábulas de animales que hablan, en la antigüedad. El sector duro, fundamentalista, genuinamente cristiano, es una minoría despreciable. Rajoy ha reconocido el hecho y les ha dado la espalda. 2.º Valores, porque la resistencia a la imposición de valores ajenos es un preciado valor en sí mismo. El PP es un partido conservador y, como los partidos socialistas, rehúsa renunciar a imponer sus valores mediante la coacción gubernamental, de modo que aunque el electoralismo haya pesado más que los valores en la balanza de los políticos del PP, saludo el pragmatismo que ha llevado al Gobierno a utilizar la cabeza en vez del negro corazón, ese órgano que sin duda les impelía a destruir uno de los pocos logros del pobre Zapatero.

Consciente de que gracias a la tecnología moderna, a la amniocentesis, casi todas las mujeres destruyen los fetos defectuosos con síndrome de Down u otras taras, sostenía el inefable Francisco Marhuenda (que me cae bien), en un debate en televisión, que lo que Ruiz-Gallardón quería era que esos fetos pudieran desarrollarse y nacer. A la fuerza. Sin consentimiento del huésped. ¡Pero Marhuenda, a las cristianas nadie les va a impedir que tengan todos los hijos subnormales que se les antoje! ¡Así ganarán el paraíso! Si no fuera porque la educación y la era de la información los extinguirá antes, sería irónico que tuviera que ser la selección natural, la propia evolución de la que los cristianos recelan como "sólo una teoría", tal como he leído en un blog friki de Red Liberal, la que se encargara de seleccionarlos para la degeneración y la extinción. ¡Atención!, me disgusta la gente que va por la vida colgándose o entregando medallas a los buenos sentimientos. Cada uno es sensible a lo que le da la gana. Hace años, en un supermercado, observé a una familia de desconocidos, el padre, la madre, y tres hijos, uno con síndrome de Down. La forma en que los dos hermanos —para entendernos— normales, niño y niña, los dos especialmente guapos, cogían por la mano y ayudaban a caminar a su otro hermano, me conmovió. Casi lloré. No obstante, soy dueño de mis sentimientos y preferencias. Hipotéticamente, ante la notificación de que alguien gesta un feto mío que ha salido anormal, no lo querría ver ni en pintura. No lo reconocería como Julio César a Cesarión. Por defecto solicitaría su supresión, su eliminación física, antes o, en una época sin nuestra tecnología, inmediatamente después de nacer, previniendo la formación de un vínculo afectivo. Porque sí. Porque soy un entusiasta partidario de la eugenesia y, por añadidura, de la ingeniería genética, la cibernética y todo lo que perfeccione las especies o forme especies mejores. Rindo culto a la fuerza y la belleza.

Las cruces cristianas pintan tan poco en la reproducción humana como las leyes antitabaco socialistas en las propiedades privadas. Reflexionad: las prohibiciones son buenas cuando se aplican a quienes las propugnan, a uno mismo. El debate sobre el aborto puede resolverse con una solución salomónica: si Gádor Joya, Isabel San Sebastián u otra representante del lobby cristiano piensa que el aborto es un asesinato que el Estado debe penar, concédasele la oportunidad de inscribirse en un registro de cristianos y póngasela bajo la sharia, la halajá, la ley canónica o la mamarrachada que prefiera. Así, caso de ser sorprendida in fraganti abortando, caiga sobre ella el peso de las leyes de esas deidades asiáticas que idolatran, y pueda el Estado de bienestar administrar la pena proporcional al horrible crimen de matar a una criaturita inocente: en posición de rodillas y disparo en la nuca. En plaza pública. Una sentencia ejemplarizante. Puedo imaginar a la concurrencia cristiana sedienta de sangre: "¡Bruja! ¡Asesina! ¡Arrepiéntete de tus pecados!". Hay que tomárselo a cachondeo. Mi respeto a los cristianos como personas, ¡tengo familiares viejos que son cristianos!, pero la ideología en sí, su alineación con los débiles y su hostilidad a los fuertes y al individualismo, es repugnante. En lo que tienen razón es en el dinero. El aborto, que lo pague quien quiera abortar. Ni un impuesto para pagar abortos a nadie.

Hay más. El aborto no ha sido el único asunto que ha martirizado a los cristianos en fechas recientes. El resentimiento anticientífico al que hacía alusión con Charles Darwin y la evolución de las especies, se ha reproducido con Stephen Hawking y las declaraciones en las que recordaba que para explicar el origen del Universo no se necesita del concurso de amigos imaginarios. Los adultos no deberían tener amigos imaginarios. "Pero es que nada puede crearse de la nada" (excepto su dios, parece ser...), argumentan torpemente los cristianos. O no saben o no les importa que hay indicios de que la nada absoluta no existe. La mecánica cuántica nos enseña que las fluctuaciones cuánticas hacen aparecer partículas virtuales en el falso vacío. Hay diversas hipótesis que explican el Big Bang. La ciencia está trabajando en refinarlas. ¿Es nuestro universo un mero white hole conectado a un black hole en otro universo? La teoría del multiverso es fascinante. Estudiémosla. ¿Acaso el universo lo ha creado una deidad del planeta Tierra allá en la Vía Láctea? Infantil. Vamos a reírnos con estos cuentos. ¡Vivan el método científico, el pensamiento crítico y el raciocinio!

Imagen de la barbarie cristiana: Tough anti-abortion laws examined in federal court

9 de septiembre de 2014

Guardians of the Galaxy

"They call me terrorist, radical, zealot because I obey the ancient laws of my people, the Kree, and punish those who do not. Because I do not forgive your people for taking the life of my father, and his father, and his father before him. A thousand years of war between us will not be forgotten!" Ronan the Accuser


Guardians of the Galaxy nos cuenta una historia interesante con unos personajes que se dejan querer y una acción deficiente que, cuando se manifiesta, baja en picado el rendimiento del film. Mientras lo veía me congratulaba por el humor y la ausencia de escenas de infantilismo vergonzante que caracterizaron la, hoy por mi repudiada, precuela de Star Wars; pero al tiempo, echaba de menos una violencia estimulante, batallas como la de las naves de Obi-Wan Kenobi y Jango Fett en Star Wars: Episode II - Attack of the Clones (2002).

Se ha hablado mucho de esto, del prólogo en la Tierra, con el protagonista de niño y con su madre, enferma, moribunda. Ha gustado mucho. A mí me disgusta porque el niño hace una interpretación lamentable y porque la secuencia, incluida la abducción, la percibo forzada, teatralizada, como hecha con prisas, con falta de interés. Inmediatamente después, cuando saltamos al presente y al planeta Morag, donde nuestro héroe logra robar el Orbe, la función se fortalece, dando un salto de calidad cuando contemplamos la gloriosa nave insignia Dark Aster y al ocupante que la comanda, Ronan el acusador, un kree opositor a la política del Imperio kree, un líder espiritual y figura de autoridad que ha denunciado el acuerdo de paz entre los imperios Kree y Nova, y se ha embarcado en una yihad o cruzada para expurgar la Vía Láctea del Imperio nova y sus dioses.

Observando su demente personalidad, la profundidad de sus creencias, no he tardado en sentir cariño por Ronan, por su tarea evangelizadora. ¡Cómo lo he celebrado! No nos equivoquemos, la religión puede haber trastornado a Ronan, pero su inteligencia está intacta, sabe calcular sus fuerzas y, solamente cuando se siente con poder suficiente, cuando se apodera del Orbe y de la Gema del Infinito que contiene, se atreve a desafiar al titan que las codicia, el titán Thanos, considerado el ser más poderoso del Universo. Desearía que Ronan y Thanos salieran más, que conociéramos más detalles sobre la subordinación de Ronan a Thanos, sobre el íntimo deseo de aquél de rebelarse también contra éste. Mi afección por Ronan en modo alguno se traslada en desafección por los guardianes: Star-Lord, Gamora, Rocket, Groot y Drax. Buenos personajes. Sí, me importa lo que les ocurre. Me caen bien y puedo sufrir con sus desgracias, alegrarme con sus dichas e incluso reírme cuando se pelean borrachos durante la partida en Knowhere. ¡Rocket es sensacional! Es la consecución del personaje digital carismático que George Lucas quiso crear, que me niego a nombrar, y con el que fracasó estrepitosamente en 1999.

Hay que destacar la relación entre las hijas de Thanos, Gamora y Nebula. No es una relación de amor-odio sino de amor por parte de Gamora y de odio por parte de la celosa Nebula. De entrada, Gamora aparece como una asesina más capaz, más de la confianza de Ronan, aunque Nebula es más despiadada. Dos mujeres a seguir, si bien, los personajes que me fascinan son los que ostentan el mayor poder y los menores escrúpulos: mi mirada, mi imaginación, vuelan hacia Ronan y, más allá, hacia Thanos, quien se ríe de imperios, religiones, y ambiciona lo que yo habría ambicionado: el poder absoluto.

Nebula.—After Xandar, you're going to kill my father?
Ronan.—You dare to oppose me?
Nebula.—You see what he has turned me into? You kill him and I will help you destroy a thousand planets.

Las flaquezas del film las hallo en un tono light y el empleo de una violencia amanerada, sin sangre y con armas que siempre disparan rayos aturdidores en vez de letales. La pobreza de las batallas de naves es un problema, un latazo, tanto la de las cápsulas en Knowhere como la de los Ravagers y Nova Corps contra el Dark Aster en Xandar. Bostezaba en estas contiendas. Los efectos visuales, buenos sin llegar a sobresalir u ofrecer nada novedoso, de nada sirven cuando el concepto de la batalla y la técnica cinematográfica son defectusosos, una sobreexposición de naves, disparos y explosiones sin los pies y cabeza que tenía el ataque rebelde a la segunda estrella de la muerte, en Star Wars: Episode VI - Return of the Jedi (1983). En Guardians se evidencias vicios de las técnicas cinematográficas del presente.

Es Ronan quien ha de venir al rescate, en la batalla final en Xandar, para sacarme del sopor con una frase memorable y la orden a los pilotos de sus cazas de que activen el "protocolo de inmolación", que los lanza de cabeza contra los edificios de Xandar, que dicho sea de paso, tiene una arquitectura, un diseño de producción, de esos tipo New-York-del-futuro, a lo Coruscant, que tantas veces hemos visto y tanto hastío pueden llegar a causar. A Glenn Close le han hecho interpretar un papel doloroso de ver, a John C. Reilly también y, con la excepción de los cazas con forma de estrella cambiante de los Nova Corps, todo Xandar y casi todo lo que acontece en Xandar es un desastre.

Las armas de Guardians of the Galaxy disparan energía directa, no proyectiles, de modo que no pueden encasquillarse. Hay que lamentar pues la falta de energía en la guerra y celebrar a los individuos que componen el plantel de esta buena película que te deja con buenas sensaciones y, lo que es muy importante, con ganas de que se cumpla la promesa en los créditos finales de que regresarán, que indudablemente lo harán a la vista de la taquilla cosechada. Apruebo al director, James Gunn y le apelo a trabajar para corregir los defectos. Quiero ver nuevas aventuras de Chris Pratt, un sinverguenza íntegro, a lo Han Solo, como Star-Lord; de Zoe Saldana, menos dura de lo que aparenta, con un cuerpazo (un adolescente exclamó —¡qué culo!—durante mi sesión en el cine), como Gamora; de Bradley Cooper como el simpático Rocket; de Vin Diesel como el bondadoso Groot; y de Dave Bautista como el irreflexivo Drax. Concretamente, si los dobles y la magia del cine no me han engañado, Zaldana me ha parecido que brilla en una persecución en Xandar. Diría que es ella la que se mueve con agilidad y velocidad. ¡Estos son los guardianes de la galaxia!

No habría quitado nada. Habría devuelto a la sala de montaje las batallas y añadido veinte minutos con más Ronan y más Thanos. Me desconsuela esta maldita tendencia de Hollywood de frustrar las ansias de los fans privándoles de tiempo de juego con personajes ilusionantes. Nos lo hicieron con Vader en las precuelas y con Galactus en Fantastic Four. No hay quien lo entienda.

Mi nota para Guardians es de 7 con mucho, 8/10 en el redondeo al alza.


"The only matter I do not take seriously, boy, is you. Your politics bore me! Your demeanor is that of a pouting child. And apparently you alienated my favorite daughter, Gamora. I shall honor our agreement, Kree, if you bring me the Orb. But return to me again empty handed and I will bathe the star-ways with your blood." Thanos amenaza a Ronan

30 de agosto de 2014

¿Conoces a Deontay Wilder?



No es exageración ni retórica florida. En el boxeo, en la categoría de los pesos pesados, ha emergido una figura que desata apegos y desapegos, Deontay Wilder, cuyos golpes estremecen a sus rivales y agitan el debate sobre el futuro de la división y del supercampeón imbatido desde 2004, Wladimir Klitschko. Cuando queremos saber algo sobre deporte, a quienes primero hay que preguntar es a los que más saben, los deportistas. Obviando al recientemente retirado alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, los dos mejores pesos pesados de la última década son —en mi opinión— Wlad y David Haye, y ambos señalan a Wilder como la próxima fuerza hegemónica, como también lo hacía Emanuel Steward, el difunto entrenador de Thomas Hearns, Lennox Lewis y Wlad. Ahora os diré lo que pienso yo: estoy impresionado. Experimento emociones que no había tenido desde los años 80 y la erupción de Mike Tyson, mi dios supremo.

Wilder tiene semejanzas y diferencias respecto a nuestro Mike. Entre las segundas, Wilder es un boxeador gigante, un titán de 201 cm, complexión atlética, juego de pies torpe, inestable, defensa vulnerable y tendencia a enloquecer y lanzar golpes a remolinos (casi destruye a un árbitro) cuando abre una brecha en la defensa rival. Y entre las primeras, las semejanzas, la velocidad y una pegada devastadora, precisando que cada uno a su manera, pues Wilder es un boxeador de larga distancia que se basa en un único golpe, el cross, mientras que Tyson era un boxeador de corta distancia, un contragolpeador natural, que se basaba en combinaciones letales de hooks al cuerpo y uppercuts a la cabeza. Por sí solo, el cross de Wilder quizá sea el golpe más perforante de blindajes que haya visto. Los rivales caen como fulminados por un rayo. Es cierto que tengo mis reservas sobre la capacidad de Wilder para encajar castigo. Percibo que su elevada estructura se tambalea fácilmente cuando recibe golpes en la cabeza, y a buen seguro que los recibirá porque, como he explicado, no es Floyd Mayweather, Jr. y en su historial sin parangón de 32 victorias, todas ellas por KO (nadie ha superado el cuarto asalto), la oposición ha sido bastante mejorable, cuando en el historial de Tyson en 1986, cuando estaba a las puertas del título mundial, como Wilder ahora, ya había rivales no voy a decir notables, pero sí buenos. Por supuesto, Tyson mostraba una fortaleza defensiva con la que sus fans dormíamos tranquilos. Era elusivo, se protegía y fintaba. No solía ser alcanzado y, cuando lo era, absorbía el impacto y seguía adelante.

Vamos a ver lo que ocurre con Wilder. Es el hombre a seguir. La prueba de la verdad se acerca porque su próximo combate es por el título mundial de la WBC, contra Bermane Stiverne, un púgil fuerte, que encaja y golpea bien, aunque también susceptible a ser golpeado, un blanco estático, por lo que pronostico una victoria de Wilder por KO. La mera potencia de sus golpes va a derribar a Stiverne, que suele pelear contra las cuerdas, a la espera del contragolpe. Después, si estoy en lo cierto y Wilder pasa la prueba, a soñar con un combate contra el mejor, contra Wlad, campeón de la IBF, WBO e IBO, claro que como el boxeo es un negocio, y es bueno que así sea, el enfrentamiento podría demorarse, calentarse, haciendo que Wlad y Wilder defiendan sus títulos contra comparsas, y por supuesto deseando el regreso a la competición de Haye, atleta formidable y guapito de cara. Si me preguntaran cuáles son los más fuertes hoy, respondería que Wlad es el número 1, Haye el 2 y Wilder el 3. Apostaría por Wlad y Haye contra Wilder.

No me engaño, sé que esto no es desfile de modelos. Aun cuando los mejores de la actualidad, los tres boxeadores que he mencionado, están en una forma extraordinaria, no siempre gana el más guapo. El boxeo, en los pesos pesados, es una competición en la que prima la fuerza física y la pegada, y es por ello que muchos boxeadores de calidad notable, incluso grandes campeones de la historia, han exhibido un aspecto físico deplorable, como el de los competidores de powerlifting o como "atletas" que comparten pista con Usain Bolt, Allyson Felix y compañía, hablo de los lanzadores de peso, barrigones, glotones. Lo principal es la fuerza y los hombres gordos suelen ser fuertes. Lo bonito del boxeo y los pesos pesados es que es posible enfrentar a boxeadores con características físicas que difieren en extremo, tipos relativamente pequeños, corpulentos, fondones, como David Tua, con tipos de estatura NBA y un cuerpo tallado en marmol, como Anthony Joshua, ese ilusionante espécimen que ha estado entrenando con Wlad en los pasados días. Si es que hasta hallamos ejemplos de boxeadores que empezaron sus carreras con una fisonomía atlética, con movilidad y velocidad, para con los años, mantener la competitividad pese a transformarse en boxeadores gordos, de movimientos perezosos, aunque más fuertes, como Muhammad Ali. Reconversión.

Vídeo: Deontay Wilder vs. Siarhei Liakhovich (2013). KO en el primer round. Liakhovich sufre convulsiones por la conmoción cerebral. Wilder puede matar. ¿Qué dicen las feministas que niegan la inferioridad física de la mujer respecto al hombre? Las hay. He leído debates y me consta que las hay. ¿Se atreverían a elegir una campeona hembrista que desafiara a Wilder? ¡Locas! La apología de la igualdad en todos los ámbitos es un disparate. El Homo sapiens evidencia dimorfismo sexual y el macho es mucho más fuerte que la hembra. En un futuro artículo presentaré a un nuevo deportista que aún es poco conocido, una mujer, Tori Bowie, mi favorita a la medalla de oro en los 100 metros en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
Los fuertes han sido segregados por la propaganda quejumbrosa de los débiles